| Jugadores del primer equipo que tuvo el Recreativo de Huelva |
Los ingleses inventaron el fútbol en el siglo XIX y poco a poco lo fueron extendiendo a lo largo de todo el mundo. A España llegó gracias a los británicos que trabajaban en las minas del Río Tinto (Huelva) y de ahí se expandió al resto del país. A principios del siglo XX, concretamente el 15 de octubre de 1909, nació la Federación Española de Fútbol y en 1913 ingresó en la FIFA. En cuanto a la selección, se creó en 1920 para poder participar en los Juegos Olímpicos de Amberes. El sueño no había hecho nada más que empezar.
Cualquier pesimista que no esté puesto en la historia de la Selección española pensará que España terminaría su primera competición internacional sin pena ni gloria, pero sin ir más lejos, los héroes nacionales acabaron en muy buen lugar. Corría el año 1920 y se celebraban los Juegos Olímpicos en Amberes. El seleccionador nacional era Francisco Bru y los hombres encargados de defender la bandera rojigualda fueron Ricardo Zamora, Silverio Izaguirre, Luis Otero, Encinas, Pedro
Vallana, René, Agustín Sancho, Francisco Belauste, J. Torres,
Eguiazábal, Sabino, De Miguel, Pagaza, Félix Sesúmaga, R. González,
Patricio Arabolaza, Martínez, Alcántara, Villaverde, Domingo
Gómez-Acedo, Pichichi y Silverio. Tres preseas tiene el fútbol olímpico español en su palmarés y una de ellas fue la plata que consiguió en Amberes 1920.
Mucho llovió hasta que llegó el Mundial de 1982. En aquellos momentos, España era un país muy especial. Había superado una dictadura de 40 años y había llevado a cabo una transición democrática de forma legal y pacífica. Además, tenía muy reciente también un golpe de Estado fallido. 1982 se considera el año del final de la Transición y de la consolidación de la Democracia. Y encima, el Mundial tocaba en casa, parecía que los astros se habían alineado para decirle al mundo entero que en España las cosas por fin salían bien, hasta en el fútbol. Solo faltaba que la selección siguiese la tradición no escrita de que todas las selecciones anfitrionas hasta la fecha habían llegado más alto de sus posibilidades y habían quedado entre las ocho primeras. En realidad, nadie le estaba pidiendo a la Selección española que ganase el Mundial, solamente que hiciese un buen papel. En el primer partido del campeonato, España empató con Honduras y en el segundo, ganó a Yugoslavia por la mínima. Bastaba un empate sin goles contra Irlanda del Norte para acabar primera de grupo y evitar así a Alemania e Inglaterra y como no fue así, cayó en la segunda fase y quedó como la peor anfitriona de la historia hasta el momento. Menos mal que el ser humano tiende a quedarse solamente con los buenos recuerdos y España 82 permanece en la memoria colectiva como "el Mundial de Naranjito".
De todos modos, España es una selección que cree en los milagros. La Copa del Mundo la dejó muy derrumbada y tenía que levantarse, pero las circunstancias no pintaban demasiado bien. Y es que la Eurocopa de París estaba a la vuelta de la esquina, pero tantas eran las piedras que se habían interpuesto en el camino de la selección que para poder participar en el campeonato, tenía que ganarle a Malta por un mínimo de 11 goles de diferencia. Quizá sea porque el escenario elegido fue Sevilla y Sevilla es una ciudad muy devota de la Semana Santa y fueron todos esos santos los que obraron el milagro, pero el caso es que el milagro se hizo realidad. Una pena no haber ganado la Eurocopa un año después, pero hay que tener en cuenta que de haber sido la peor anfitriona de la historia de los mundiales de fútbol en 1982 a quedar subcampeona de Europa en 1984, España dio un paso de gigante.
La Historia de la Humanidad tiene capítulos negros repartidos entre todos los países del mundo que muchas veces les hace sentir vergüenza a las generaciones posteriores. El fútbol sabe cómo curar esas heridas. Los españoles, ciudadanos con gran complejo de inferioridad, piensan que estas cosas solamente ocurren en este país, que el pan y circo queda muy lejos de aquellas naciones donde sus habitantes son muchos más inteligentes y están más avanzados. Sin embargo, a la hora de la verdad, todos somos iguales. He aquí el ejemplo de Alemania, un país tan sumamente rico, poderoso y moderno que es el mandamás de la Unión Europea y hasta la prima de riesgo es la diferencia entre el interés que se paga por la deuda del país de turno y la que se paga por la suya. Pues bien, Alemania tiene en su Historia capítulos tan negros como el del dictador Hitler, la II Guerra Mundial, los nazis, el Holocausto, el Muro de Berlín... y todo esto históricamente es muy reciente. Como es lógico, las nuevas generaciones alemanas se avergüenzan de ello, pero en ciertas ocasiones, el fútbol les ha hecho mirar para adelante.
El 9 de noviembre de 1989 es derribado el llamado Muro de la Vergüenza y un año después, Alemania ganó el Mundial de Italia 1990. Aunque solamente participaron jugadores del Oeste, era la primera vez que defendían los colores de una Alemania reunificada. Esa victoria no solo supuso la conscecución de un campeonato: supuso la consolidación de la unión de un país que durante años estuvo dividido. Y es que lo que fue capaz de separar la guerra, ahora era capaz de unirlo el fútbol.
Por otra parte, está el Mundial de 2006. En aquella ocasión, Alemania no fue la campeona, pero sí la anfitriona, algo para celebrar ya que el mayor acontecimiento deportivo del mundo después de los Juegos Olímpicos algún dinerillo siempre deja. Dicha ocasión sirvió para que los germanos dejasen atrás el pasado, el complejo de la II Guerra Mundial y sacasen a relucir en sus balcones las banderas nacionales, el orgullo de ser alemán. Sí, más de 60 años transcurrieron desde que finalizó la II Guerra Mundial hasta la celebración de la Copa de Mundo en el país de las salchichas y la cerveza. Durante ese tiempo, Alemania se ha consolidado como una gran democracia, es un país muy desarrollado, manda más que nadie en la Unión Europea, sus habitantes son de mentalidad muy avanzada... Y aún así, ¿qué fue lo que les hizo dejarse la vergüenza atrás? El fútbol.
Mientras tanto, en España siempre quedará una duda: Y es que aprovechando que el Mundial 82 coincidió con la consolidación de la democracia, si la selección hubiese acabado campeona, quién sabe si ello hubiera servido para demostrarle al mundo lo poderosa que podía transformarse España ante la adversidad y como símbolo de que las heridas provocadas por la Guerra Civil por fin habían cicratizado.
El final de la historia de la selección hasta el momento se divide en tres partes y siempre ha sido el mismo: Eurocopa 2008, Mundial 2010 y Eurocopa 2012. España, campeona. Son momentos para cortarse las venas económicamente hablando y los ciudadanos cada día cree menos en los políticos, lo cual es preocupante ya que por muy sucia que sea la política, sin gobierno cualquier país es un caos. Sin embargo, en esos momentos ahí está el fútbol para ejercer su función social, es decir, para hacer felices a sus aficionados. Y es que en medio de la crisis, de desuniones nacionalistas y del inevitable complejo de inferioridad que los españoles vienen arrastrando desde hace cantidad de generaciones, la Roja osa ganar dos Eurocopas y Mundial y consigue que sus compatriotas saquen la bandera rojigualda al balcón y luzcan por las calles orgullosos la camiseta de la selección con las caras pintadas de rojo y amarillo. Y es que lo que años atrás estaba considerado de ser "fachas", ahora representaba el "ser fieles a la Roja".
Hasta la fecha, el principio y el final de la Selección española son felices, lo del medio... ejem, ejem. Veremos a ver lo que pasa en Brasil. Sea como fuere, será una historia más que añadir a este libro pintado de rojo, el cual le gustará a unos más y a otros menos, pero cualquiera que se ponga a repasar Historia, Sociología, Economía u otras ciencias sociales comprobará que pertenece a toda persona en cuyo DNI ponga que sea español.
Mientras tanto, en España siempre quedará una duda: Y es que aprovechando que el Mundial 82 coincidió con la consolidación de la democracia, si la selección hubiese acabado campeona, quién sabe si ello hubiera servido para demostrarle al mundo lo poderosa que podía transformarse España ante la adversidad y como símbolo de que las heridas provocadas por la Guerra Civil por fin habían cicratizado.
El final de la historia de la selección hasta el momento se divide en tres partes y siempre ha sido el mismo: Eurocopa 2008, Mundial 2010 y Eurocopa 2012. España, campeona. Son momentos para cortarse las venas económicamente hablando y los ciudadanos cada día cree menos en los políticos, lo cual es preocupante ya que por muy sucia que sea la política, sin gobierno cualquier país es un caos. Sin embargo, en esos momentos ahí está el fútbol para ejercer su función social, es decir, para hacer felices a sus aficionados. Y es que en medio de la crisis, de desuniones nacionalistas y del inevitable complejo de inferioridad que los españoles vienen arrastrando desde hace cantidad de generaciones, la Roja osa ganar dos Eurocopas y Mundial y consigue que sus compatriotas saquen la bandera rojigualda al balcón y luzcan por las calles orgullosos la camiseta de la selección con las caras pintadas de rojo y amarillo. Y es que lo que años atrás estaba considerado de ser "fachas", ahora representaba el "ser fieles a la Roja".
Hasta la fecha, el principio y el final de la Selección española son felices, lo del medio... ejem, ejem. Veremos a ver lo que pasa en Brasil. Sea como fuere, será una historia más que añadir a este libro pintado de rojo, el cual le gustará a unos más y a otros menos, pero cualquiera que se ponga a repasar Historia, Sociología, Economía u otras ciencias sociales comprobará que pertenece a toda persona en cuyo DNI ponga que sea español.
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