Ser del Real Madrid no siempre es fácil. Quizá esta frase sea más típica de los atléticos que de los merengues ya que los rojiblancos históricamente son los que más acostumbrados están a sufrir. Pero resulta que el Atleti cae simpático y más, en los últimos tiempos que ha demostrado que con un presupuesto medio también se puede llegar muy alto. Por su parte, ser del otro eterno rival del conjunto blanco, es decir, del Barcelona, también es más fácil que ser del Real Madrid. Puede que el Barça también tenga muchos millones en sus cuentas corrientes, pero históricamente, ser culé ha sido como ser diferente, como ir en contra del sistema. Y muchas veces, eso es lo que ha estado bien visto. Además, el juego bonito que han exhibido los locos bajitos en el centro del campo sumado al talento de Messi y la cantidad de jugadores que el Barcelona ha aportado a la Selección española haciendo coincidir la buena racha de ambos conjuntos ha dado muchos puntos a favor de los catalanes. En
cambio, con el Real Madrid todo es diferente. El conjunto de Chamartín es un club rico y poderoso, lo cual hace distar mucho de la gente de a pie de calle. Además, como todo el mundo sabe las millonadas que sus jugadores cobran, los errores se perdonan menos. Es como si en una clase hay un alumno muy inteligente que destaca sobre los demás pero que nadie le reconoce sus méritos porque todo el mundo le exige que trabaje de forma perfecta. Y la perfección no existe. ¿Por qué jugadores de la talla de Íker Casillas, Sergio Ramos, Cristiano Ronaldo o Gareth Bale no pueden tener mérito como futbolistas solo por haber nacido con unas dotes excepcionales? ¿Acaso Beyoncé o José Mercé no tienen mérito con sus carreras profesionales solo por tener unas voces privilegiadas?
Si vas a fichar por el Real Madrid, recuerda que la opinión pública te va a exigir que marques el segundo gol antes que el primero. Porque a un equipo como el Real Madrid se le exige todo y el mismo Real Madrid se exige también todo a sí mismo. Y es que a veces está bien ser exigente, pero otras veces tampoco viene mal recordar que todos somos humanos.
Un buen día, Carlo Ancelotti firmó un contrato con la entidad madridista y se encontró con un vestuario patas arriba que venía de haber pasado un año en blanco. Cada patada que el Real Madrid le daba al balón reflejaba a un equipo totalmente descolocado, a un equipo totalmente en ruinas que había que reconstruirlo empezando de cero. Para ello, lo normal es comenzar por los cimientos, pero esto es el Real Madrid y si desde el principio no tienes construido el tejado, el pueblo le pedirá al emperador a gritos tu cabeza.
Ancelotti ha comentado estos días que la primera vez que entró al Bernabéu a la sala de trofeos, Florentino Pérez le dijo que faltaba una copa refiriéndose a la Décima y que esta ha resonado en sus cabezas desde principio de temporada.
Tras muchas piedras en el camino y con la decepción de no haber podido pelear por la Liga hasta el último momentos tal y como hicieron sus rivales más directos, el Real Madrid se plantó en la final de Lisboa. Enfrente tenía a un Atlético de Madrid con la moral bien alta después de haberse proclamado campeón de Liga y con un Cholo Simeone que les había enseñado eso de ir partido a partido. Godín lanzó a puerta y Casillas no pudo parar el balón. La alegría atlética se desataba por los rincones.
Todavía era muy pronto para cantar victoria por parte de los colchoneros, pero el gol de los madridistas no llegaba. Y para colmo de males, Bale tuvo una clara ocasión que desaprovechó después de un regalo de Tiago. Pasaba el tiempo y todo seguía exactamente igual. Parecía que el tiempo quería darle la razón a los colchoneros y hacerle creer a los merengues que la Décima llegaría, sí, pero en otro momento. Todavía no. Entonces, concluyen los noventa minutos reglamentarios y el árbitro añade cinco más por el tiempo perdido durante el partido con los cambios de jugadores y esas cosas. Se nota el cansancio y el encuentro parece agonizar. Sin embargo, aún no ha comenzado el tercer minuto del tiempo añadido cuando un cabezazo de Sergio Ramos desafía la portería de Courtois. No es el gol de la victoria, pero sí el de la esperanza.
El 1-1 obligaba a una prórroga, la cual se puso finalmente del Real Madrid. Todo empezó con un jugadón de Di María por la izquierda que terminó con un cabezazo de Gareth Bale en forma de 2-1. Es curiosa la cantidad de expresiones que se pueden hacer con la pronunciación castellana del jugador galés, pues si después de los más de 90 millones de euros que el Real Madrid pagó por él, los aficionados del bar suelen comentar que Bale vale mucho, hoy Marca saca un titular afirmando que "Bale la Décima". Después marcó Marcelo, el cual estaba bastante fastidiado por no haber podido salir de titular y acabó siendo clave en el partido sentenciándolo en la prórroga. En cuanto al gol de penalti de Cristiano Ronaldo, quizá no marcarlo tampoco habría sido relevante, pero el portugués quería tener su momento de gloria en su país en una final de Champions y más, tratándose del número que se trataba. Finalmente, el Atlético de Madrid no pudo hacer nada y muchos de sus aficionados se echaron a llorar, mas en esas ocasiones también es cuando se ve la cara más bonita del fútbol.
Final del partido y el Madrid logra la Décima. Su entrenador, Carlo Ancelotti, no convenció de primeras. No creó Zamora en una hora, no marcó el segundo gol antes que el primero ni levantó el templo en tres días, pero hizo realidad el sueño que ansiaba tanto el madridismo no solo desde hace doce años, sino desde que empezó a ser leyenda en Europa.

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