Lisboa, 24 de mayo de 2014. Sí, todavía no es, pero ya se respira. En los telediarios y en los periódicos ya se ven seriales sobre la historia de los derbis, las pasadas Copas de Europa del Real Madrid, las curiosidades que hay dentro de cada vestuario y lo mejor de todo: cómo lo viven los aficionados, los cuales cuentan las horas para el gran momento.
Este año, todo ha salido redondo. Para empezar, es la primera vez que se enfrentan en una final europea dos equipos de una misma ciudad y qué suerte que esa ciudad, Madrid, es española. Dinerito que viene a España. Por otra parte, tampoco hay que ir muy lejos ya que el partido se juega en el vecino Portugal y de una capital a otra no hace falta coger el avión. La mayoría de los aficionados van a coger el autobús, ese medio de transporte donde los excursionistas van como en familia cantando durante todo el viaje y parando a estirar las piernas en las gasolineras, hoteles y restaurantes de la zona oeste nacional. Y cómo no, dejando dinero. Bueno, no quiero insistir tanto en este aspecto porque va a parecer que este blog en vez de llamarse Fútbol para inteligentes debería llamarse Fútbol para interesados. Aún así, es importante hacer hincapié porque en los tiempos en los que estamos es un respiro que pueden darse esos trabajadores y sus familias gracias a que la final de Champions es en Lisboa y que los finalistas son Real Madrid y Atlético de Madrid.
Una vez se supo quién pasaba a la final, se agotaron las habitaciones de los hoteles de Lisboa y muchos idearon un plan b que pasaba por Badajoz. Allí la fiesta empieza ya por las carreteras y a falta de poder estar allí presente, he podido contar con la colaboración de dos amigos para poder captar a los autobuses por los caminos de Extremadura: Sergio Canal y Fran Jociles.
Tiene que ser impactante ir tan tranquilo en el coche por la carretera y encontrarte camino a Mérida con el autobús del Real Madrid. Si esto hubiese ocurrido quince años antes, lo cuentas a los amigotes y si se lo creen bien y si no, qué le vamos a hacer, pero ahora, tienen que creérselo porque para muestra, tienes la foto hecha con el móvil.
Para los blancos, esta Champions es muy especial. Históricamente, ellos son los dueños de Europa ya que se trata del equipo que más copas tiene en su palmarés. Sin embargo, hasta los más grandes pasan por malas rachas que duran muchísimo tiempo. Y es que el Real Madrid pasó de ganar la Séptima, la Octava y la Novena en apenas cinco años a una sequía de no pasar nunca de octavos de final. Atrás quedan derrotas tan dolorosas como la del Arsenal, la de la Roma, la de los cuatro de Liverpool y la del gol de Higuaín que no quiso entrar en la portería del Olympique de Lyon entre otras tantas hasta que se rompió la maldición, pero ¿para qué? ¿Para ser derrotados en semifinales por el eterno rival tras la expulsión de Pepe en el Bernabéu? ¿Para que el penalti de Sergio Ramos fuese a parar a la Luna en vez de a la red del Bayern de Múnich? ¿Para que el Borussia Dortmund se multiplicase contra ellos en la ida de semifinales del año pasado haciendo imposible la heroicidad en la vuelta? Pues para eso, quizá digan algunos apaga y vámonos. Afortunadamente para el equipo, todo eso ya es pasado y a partir de mañana tienen la oportunidad de empezar de cero con la Décima bajo el brazo.
En las gradas van a contar con el apoyo de toda una leyenda madridista: Raúl González Blanco. En realidad, el Madrid contará con representantes de las anteriores Copas de Europa, pero llama la atención de este último ya que todavía sigue en activo, pero aún no jugando en el Real Madrid, demuestra que a pesar de estar lejos del Santiago Bernabéu, nunca se ha desvinculado del equipo. Una buena noticia para el madridismo ya que los aficionados blancos adoran al 'eterno 7' y todos coinciden en que esta hipotética Décima también es suya, así como también lo sería de todos aquellos que han creído en un equipo que empezó la temporada no jugando absolutamente a nada y ha terminado con una Copa del Rey en el bolsillo y con la posibilidad de hacer realidad el sueño que todo el madridismo lleva toda la vida esperando.
Camino del Cerro Gordo (Badajoz), mi amigo se encontró por la carretera el autobús del Atlético de Madrid, un autobús lleno de esperanzas cargado con las ilusiones de millones de aficionados colchoneros repartidos por toda España.
Si nadie apostaba por el Atleti en Liga, qué decir en Champions. Y si en el campeonato casero han dado la sorpresa, en el continental no han sido menos. Porque los hombres de Diego Simeone han sido los únicos que esta temporada no han perdido ni un solo partido hasta la fecha. Los más incrédulos pensaban a principios de curso que los rojiblancos pasarían a octavos primeros de grupo porque les había tocado un grupo muy fácil. Nada más lejos de la realidad, el Atlético de Madrid demostró que era capaz de ganarle a cualquiera que osara interponerse en su camino. De hecho, en cuartos fue toda una sorpresa que le cayese el Barcelona y entonces, los más pesimistas sí que pensaron que este era el final rojiblanco, mas el Atlético ganó el duelo fraticida y reforzó el lema que tan famoso ha hecho Simeone: creer, creer y creer. En semifinales, el coco (Bayern de Múnich) le tocó al Real Madrid y este se lo comió, así que los periodistas deseaban en sus respectivos programas que ojalá el Atlético de Madrid también cumpliera para tener a dos equipos españoles en la final. Y cumplió. No importa lo fuerte que sea el Chelsea de Mourinho ni el autobús tan grande que ponga en frente de la portería de Courtois. Porque para autobús grande, el que sale en la foto de arriba.
El Atlético de Madrid podría presumir de un pedazo de entrenador como Diego Simeone, cosa que hace, o de jugadores de mucha calidad como Diego Costa, Thiabut Courtois, Raúl García o Koke Resurrección entre otros tantos. Sin embargo, de lo que siempre ha presumido el equipo de orillas del Manzanares a los largo de toda su historia es de su afición. Porque solo la afición del Atleti sabe por qué es del Atleti. Porque ser del Atleti es como el amor: tan bonito y tan romántico que no se puede explicar con palabras. Porque ser del Atleti es también saber amar la vida a pesar de que todo vaya mal. ¿Por qué? Porque a veces, tantos años de sufrimiento también trae momentos tan bonitos como los que la afición atlética está viviendo estos días. Y eso no tiene precio.


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