jueves, 19 de junio de 2014

Fútbol vs. cuestiones de Estado


España abdica. Ese es un titular ideal para los periódicos de hoy aprovechando que ha coincidido la abdicación del Rey Juan Carlos I con la eliminación de la Roja del Mundial de Brasil.

La camiseta que la selección llevaba a esta Copa del Mundo estaba diseñada de rojo y dorado en representación de una generación de oro, una generación que deslumbró a todo el planeta con su juego y que consiguió lo nunca visto hasta entonces: enlazar Eurocopa, Mundial y Eurocopa de forma consecutiva. Esta generación es la misma que acaba de convertirse en la primera selección en ser eliminada del Mundial de Brasil, la cual ha mostrado agotamiento y desconcordancia en lugar de su típico tiki-taka.

¿Momento histórico para el fútbol español? Depende de como se mire. Por una parte, no es la primera vez que España cae eliminada en la fase de grupos (la última vez fue en Francia '98), sin embargo, es la primera vez que a esta gloriosa generación le dan semejante mazazo.

Para el país es un mazazo ver cómo sus héroes caen en picado. Ni el Marqués parece haber tenido acierto con su selección, ni el 'Santo' ha sabido hacer milagros, ni los magos Iniesta y Silva han sacado palomas de su chistera, ni los jefes Xabi Alonso y Xavi Hernández han sabido dirigir el balón, ni Diego Costa ha tenido puntería... No hay ningún miembro de la Roja que se salve y llegue siquiera al aprobado raspado. Y es que en condiciones normales, los periódicos y los telediarios hubieran abierto en portada con la eliminación de España en el Mundial comparándola, como mínimo, con el Desastre del 98. Pero hoy tenemos un nuevo Rey.

Todo el mundo sabe que el fútbol mueve muchas masas, especialmente si se trata de una Copa del Mundo, aunque también hay otras competiciones que en su momento también son muy importantes. De hecho, en más de una ocasión, el deporte rey le ha llegado a robar protagonismo a las cuestiones políticas.

No hace mucho, hemos tenido un ejemplo de ello. Y es que el pasado 24 de mayo, el Real Madrid hacía historia ganando su décima Copa de Europa. En este caso, pasase lo que pasase iba a ser relevante para España ya que los dos equipos finalistas de la máxima competición del Viejo Continente eran españoles y si el ganador hubiera sido el Atlético de Madrid, también habría hecho historia ya que esta habría sido su primera Champions. Al día siguiente, tocaban elecciones europeas, un tema de gran importancia para el país ya que, según los políticos, las grandes decisiones vienen por parte de Europa. Sin embargo, los informativos restaron importancia a la cita electoral a favor del fútbol. Además, el 25 de mayo, el Real Madrid fue el protagonista de todas las portadas de los periódicos y en el telediario (al menos, en La 1) dieron relevancia a las elecciones y a la Décima a partes iguales.


A dos semanas de comenzar el Mundial de Brasil, España vive un acontecimiento histórico: el Rey Juan Carlos anuncia su abdicación en su hijo, el Príncipe Felipe. Según el Monarca, la firma tendría lugar el 18 de junio. Hasta ahí, todo normal si no fuera porque ese mismo día juega España contra Chile: ¿Restaría el fútbol importancia a semejante momento que quedará para la posteridad? Porque puede que algunos españoles se reconozcan republicanos, pero lo cierto y verdad es que por muy republicanos que sean, la proclamación de Felipe VI es historia.

La ceremonia del relevo tuvo su tarde de gloria, pero a las nueve de la noche, toda España estaba pegada frente al televisor esperando a que su selección obrara el milagro frente a la otra Roja: la chilena. Los hombres de Vicente del Bosque venían de ser goleados por Holanda por 1-5, pero matemáticamente, aún estaban vivos. Todo empezaba por ganarle a Chile.

Las estadísticas jugaban a favor de la vigente campeona del Mundo, pero las circunstancias no. Daban igual las ganas que había de mantener la posesión, pues los chilenos estaban más fuertes. Daba igual que los españoles tirasen a puerta incluso estando solos, porque el balón no quería entrar. El cansancio empezaba a hacer mella en aquellos que en su día tocaron el cielo y saborearon las mieles de la gloria bajo la admiración de todo el planeta. El tiempo corría. No se podía hacer nada para evitar la tragedia.

De lo malo a lo bueno se pasa con mucho gusto, pero al contrario no pasa igual. Muchos aficionados españoles sentían ganas de llorar y de limpiarse las lágrimas con las banderas rojigualdas que había colgadas en cada balcón. Sin embargo, esas mismas banderas debían estar preparadas para recibir al nuevo Rey.


Está claro que la proclamación de Felipe VI tiene mucha más relevancia que todos los mundiales del mundo, valga la redundancia. Y es que el Rey es el Jefe de Estado, el mayor representante de España y la figura que sostiene la Constitución, es decir, la democracia en este país. Como anécdota, decir que este nuevo monarca se ha encontrado sin querer con que le ha hecho un favor a los aficionados. Y es que durante muchos años ha sido la Selección española la que le ha hecho olvidar las penas a los ciudadanos provocadas por la crisis. Ahora le ha tocado a los nuevos Reyes robarle el protagonismo al dolor que les ha causado a los aficionados el ser testigos del fin de ciclo de aquellos que estaban considerados héroes, esos héroes a los que ahora les toca levantarse. Y cómo no, el Rey Felipe VI será testigo de todo ello.

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